¿Y si podemos encontrar de verdad valores en el deporte?

¿Y si además de una actividad placentera y divertida, que nos mantiene en buena forma física (y mental), el deporte sirviera para reforzar nuestros valores?

¿Y si a nuestros hijos les fueran inculcados esos valores en la práctica deportiva?

¿Y si esos valores estuvieran alineados con los nuestros, valores que hacen personas y sociedad y que mejoran las relaciones y que hacen crecer y aprender?

¿Y si además de ganar importan las formas, los aprendizajes, los procesos y los ejercicios?

¿Y si somos capaces de ponderar en su justa medida el esfuerzo, la entrega, la solidaridad, el apoyo, el trabajo en equipo, la capacidad de uno puesta al servicio del grupo, el aprendizaje, el valor de la alegría y la risa por encima del resultado?

¿Y si todas estas cosas podemos encontrarlas en el club de fútbol de nuestro barrio, donde llevamos a nuestros hijos? ¿O en el club de baloncesto, o de gimnasia, o de atletismo, o de rugby? ¿O en el club de patinaje, de voley, de esgrima? ¿O en el club de ciclismo o de senderismo?

Si te resuena lo que has leido, puedes ponerte en contacto conmigo…

Juntos podemos sacar adelante el proyecto “Deporte con valor(es)”.

 

 

¿Y el poder de las palabras?

Todas y cada una de las palabras que utilizamos para expresarnos importan y mucho!

No sólo son un reflejo de nuestra educación, de nuestra forma de pensar o de nuestro estado de ánimo, también lo son de nuestra FORMA DE ENCARAR el mundo y lo que nos ocurre en él.

Cuando decimos “Lo que haces, me duele” estamos haciendo responsable a las otras personas de nuestros sentimientos y de nuestro bienestar… y poco podemos hacer nosotros para cambiarlo.

Cuando decimos “No soy capaz de cumplir este objetivo” estamos fomentado el efecto Pigmalión, o lo que se conoce como profecía autocumplida, y nos estamos limitando a nosotros mismos.

Cuando decimos mirando al pasado “No he sabido disfrutar de mi vida como me hubiera gustado…”, deberíamos ser capaces de añadir un complemento al final “…hasta ahora”. Y con ello, sin ser conscientes de ello, abrimos una puerta, una posibilidad…

Lo que decimos no es más que un reflejo de lo que pensamos, y de la manera en que nos regimos en el mundo…

Como decía el gran doctor Christian Barnard:

“Si piensas que estas vencido lo estas.

Si piensas que no te atreves, no lo harás;

Si piensas que te gustaría ganar pero que no puedes, no lo lograrás;

Si piensas que perderás, ya has perdido.

Piensa en grande y tus hechos crecerán;

Piensa en pequeño y quedarás atrás,

Piensa que puedes y podrás.

Todo esta en el estado mental”

Hay, sin duda, una relación muy estrecha entre lo que pensamos (y sentimos) y lo que decimos, y una relación causa efecto que es bidireccional.

Si conseguimos cambiar la forma en que decimos las cosas, si cambiamos nuestros hábitos y nuestras expresiones, podremos cambiar nuestros pensamientos y aumentar nuestras capacidades.

Desde estas páginas os invito a:

  • Cada vez que digas que has desperdiciado oportunidades, puedes añadir al final de la frase un “…hasta ahora”
  • Cada vez que alguien no cumpla con tus expectativas, también lo puedes verbalizar así: “He elegido sentirme dolido al ver cómo se ha comportado. Me lo permito el tiempo que me plazca y lo aprovecho para aprender hasta que elija de nuevo disfrutar!”
  • Cada vez que tengas ganas de decir “Siempre me sale todo mal” o “Todos los amigos me fallan”, puedes quizás decir “Esta vez me salido mal” o “Algunos amigos fallan algunas veces”

Parecen pequeños cambios, pero generan distintas estructuras mentales a poco que seamos capaces de repetirlos y cambiar el enfoque…

 

 

Haz que los dias cuenten

Pocas palabras se pueden añadir a esta frase…

Alguna vez hemos puesto el objetivo demasiado lejano y dejamos de percibir los pequeños (o grandes logros) que obtenemos cada día…

O dejamos de percibir las pequeñas cosas que nos da la vida y que no solemos valorar en su justa medida (un gracias de nuestro hijo/a, una sonrisa de alguien extraño en la calle, una puerta que mantenemos abierta para que pase otra persona, una simple mirada de agradecimiento en la cola del autobús al quedarte al final)

O quizá cosas a las que nosotros no damos importancia, pero que para otros sí la tienen (reinstalar el sistema en un ordenador, preparar un bocadillo para alguien, o simplemente llamar un día por teléfono a alguien sólo para saber cómo está, sin ninguna razón especial)

Y dejamos pasar los días sin ver y sin TOMAR CONCIENCIA de qué es lo que hemos hecho diferente ese día, qué hemos hecho para crecer, o qué hemos aprendido, o qué hemos hecho para los demás o para nosotros mismos…

Y pasan los segundos, los minutos, las horas…y los días.

Y tras los días, las semanas, los meses y los años.

Y si te paras a pensar un momento, sólo el instante necesario que permita que tu mente se calme y se pregunte: ¿para qué?

¿Qué es lo que hay en mi vida que hace que los días cuenten?

¿Qué es lo que YO puedo hacer para que este día, HOY, al irme a la cama, sienta que este día ha contado realmente?

 

 

 

¿Y si me hago cargo de mí mismo?

¿Cuantas veces nos hemos sentido impotentes ante el devenir de los acontecimientos?

¿Cuantas veces hemos tomado una actitud pasiva ante lo que nos ocurría?

¿Cuantas veces hemos dejado que las cosas nos sobrepasaran?

Pero, sobre todo, ¿cuantas veces hemos echado “la culpa” de lo que nos ocurre a las circunstancias, al destino, a los demás, a la suerte (o a la mala suerte), y hemos tomado el rol de víctimas, de sufridores, de receptores sin voz ni voto?

No nos hacemos cargo de nosotros mismos, y lo elegimos muchas más veces de las que somos conscientes.

Lo damos por hecho con nuestra forma de expresarnos: cuando estudiamos (“he aprobado” vs “me han suspendido”), cuando amamos (“me hiere que mires a otr@s chic@s), cuando trabajamos (“no me pagan lo que merezco”), incluso cuando compartimos la vida diaria (“me saca de quicio que deje la pasta de dientes abierta”).

Nos es más fácil echar la culpa al empedrado (cuando tropiezo), a la lluvia (cuando me mojo), a mi compañer@ (cuando no hace lo que esperamos), a cualquiera menos a nosotros mismos…

Y efectivamente no siempre somos responsables de lo que nos ocurre, pero sí somos responsables de lo que hagamos con ello.

No podemos evitar que llueva, pero sí podemos comprar un paraguas…

No podemos evitar tropezar, pero sí podemos sonreir ante nuestra torpeza (y escribir al ayuntamiento para que reparen esa baldosa y no se caiga más gente! ;))…

No podemos evitar que alguien no cumpla nuestras expectativas, pero sí podemos completar a esa persona con nuestras habilidades…

Y elegir de forma consciente.

Siendo conscientes que elegimos el rol que adoptamos en cada situación, aunque a veces sólo veamos una opción (que no es que no haya más, es que en ese momento dentro de nosotros, no permitimos que haya ninguna más).

Porque “lo he heredado de mis padres”, o porque “así me han educado”, o porque “qué sería de este mundo si no reaccionamos de esta forma ante esta injusticia”, o porque “no puedo permitir que me pisen”, o porque “los políticos son responsables de este desaguisado”, o porque simplemente “yo soy así”…

…por todos esos “porques”, elegimos reaccionar de la manera que siempre hemos reaccionado.

Y si eres consciente de que así lo haces y de que así lo quieres… ¡¡Es genial!!

Pero si lo haces sin pensar y luego te duele, o los resultados no son los que esperas, o no te compensa poniendo en la balanza únicamente tus emociones y tus reflexiones…es que algo puedes cambiar, y nunca es tarde para ello.

Toma las riendas de tu vida, hazte protagonista, simplemente atrévete a probarlo… a pasar por otro tamiz los estímulos que recibes y escogiendo en cada momento.

Si no te compensa, déjalo. Pero,  ¡haz la prueba!

Atrévete a probar un camino diferente en tus trayectos diarios, a comprar esa fruta exótica en el supermercado (quizá sea un bodrio, como ya has juzgado en tu mente, que yo soy de manzanas de toda la vida, pero… quizá no!!), incluso a sonreir, aún sin razón aparente para ello y chequea cual es la reacción de la gente con la que tratas…

Y, si no te compensa, déjalo. Pero, ¡haz la prueba!

Prueba a celebrar las cosas buenas que te ocurren, prueba a decir la palabra “Genial”, prueba algo distinto…y Si no te compensa, déjalo. Pero,  ¡haz la prueba!

Y como reto, ¿qué tal si pruebas a pensar (gracias Angel Luis Sanchez por la frase) que todo lo que ocurre en tu vida es porque lo creas tú, o porque lo permites o porque lo provocas en los demás?

¿Y si aprendemos de lo que nos ocurre?

Hace un año y medio falleció mi madre.

No era excesivamente mayor para los tiempos que corren, y cuando alguien que quieres se va, siempre hay un periodo de duelo y de respeto y una sensación de pérdida.

Cuando pasó un tiempo, me pregunté ¿Qúe has aprendido?

Ella me inculcó sus valores, muchos de los cuales he hecho míos desde pequeño. Con el tiempo también fui capaz de desechar los que no van conmigo, con mi proyecto de vida.

Pero más acá, mirando hacia la situación final de despedida, ¿qué ha cambiado ese acontecimiento en tu vida? ¿Qué has hecho con ello?

Lo primero que me surge en la cabeza es un “despertar”, una “toma de conciencia”. Sin nada material vienes, sólo un hálito de vida, y sin nada material te vas, una vez extinguida esa llama…

Sólo queda tu recuerdo, en la gente que te conoció, en la gente que te amó, o, incluso en la gente que te guardó algún rencor.

A alguna gente la influiste en la vida, alguien fue capaz de aprender, o incluso tuviste la oportunidad de mejorar la vida de otros, o de crear una vida si has sido padre…

De este acontecimiento aprendí que no quería seguir estando donde estaba en ese momento y decidí coger las riendas y cambiar de camino. Unirme a la gente que aporta y separarme de las personas que restan.

Aprendí que cada momento cuenta, que el tiempo es el mayor tesoro y que la capacidad de gestionarlo y utilizarlo para lo que quieres es el mayor premio.

Aprendí que la vida sólo se compone de momentos, y la suma de esos momentos es lo que ves en el momento de despedirte y lo que queda en la retina y en el recuerdo de los que te conocieron.

Como dice Bucay en su historia “El buscador”, el único y verdadero tiempo vivido es aquel en el que disfrutamos intensamente de algo y ese gozo es mayor cuando es compartido.

Debemos aprender a reconocer en la realidad que nos rodea y en los acontecimientos que nos ocurren, las múltiples facetas de un diamante tallado.

En este diamante, debemos ser capaces de ver la faceta que mayor bien nos haga, siempre teniendo presente que la realidad, semejante a esta piedra preciosa, tiene muchas caras y podemos y debemos elegir.

Elige el agradecimiento frente al rencor, pues ambas caras tiene ese diamante llamado “realidad”.

Escoge la alegría por los momentos compartidos frente a la tristeza por los momentos perdidos, pues ambos están contenidos en la “vida”.

Decántate por la vida, reconociendo que la muerte está presente en todo momento, cual sombra inseparable.

Y, si Dios, cualquiera sea la forma en que lo concibas, nos tiene reservados unos momentos de lucidez antes de ese paso definitivo, te deseo que seas capaz de mirar hacia atrás en el tiempo y sentirte orgulloso.

Yo lo estuve al verte marchar y sé que tú lo estuviste al partir.

He aprendido una lección… ¿ y tú?

 

¿Las injusticias se pagan?

 

La vida no es justa.

No es justa con el niño que nace con una deformación o un retraso.

No es justa con el adulto que sufre un accidente sin ninguna responsabilidad y queda en silla de ruedas.

La vida no es justa con un refugiado que huye la tierra que lo vio nacer por guerras y hambrunas, buscando una vida mejor y queda atrapado en un campo.

La vida no es justa y debemos aceptarlo y enseñar a nuestros hijos que no lo es y no tiene por qué serlo.

Y debemos aprovechar las oportunidades que se nos presenten, oportunidades de disfrutar, de aprender y de VIVIR con mayúsculas.

En esta vida SI que hay personas que tratan de ser justas, y por todos lados hay muestras de heroísmo y solidaridad.

Esa es para mí la diferencia.

Porque cuantas más personas busquen esos ideales, mejor será nuestra sociedad y nuestro mundo…

Pero para ello, hay que “mojarse”, hay que implicarse y saltar las barreras de la comodidad, del “qué dirán”, del “yo no puedo hacer nada”, del “mi tiempo ya pasó”…

TODOS podemos hacer algo, TODOS, en nuestro entorno, en nuestro casa, en nuestro trabajo, en nuestro deporte. Con nuestros amigos o con nuestros hijos o nietos…

…ser EJEMPLO y ser ESPEJO!!!

 

¿Qué puede hacer el coaching por ti?

Quizá te hagas esta pregunta…

…Yo la formularía de otra manera: ¿Qué no puede hacer el COACHING por ti? Porque con nuestro apoyo, tomarás CONCIENCIA, encontrarás los RECURSOS dentro de ti, y, si te COMPROMETES, podrás conseguir lo que siempre has SOÑADO…

…porque…

…¿Dónde han quedado tus proyectos y tus ilusiones? No solo los que marcan una vida, también todos aquellos que no has osado emprender…

…esos a los que tu “entorno” calificaba de imposibles, de descabellados, o simplemente de riesgo, pero que, dentro de ti, sabes que te habrían aportado ilusión, alegría, reconocimiento, satisfacción…

… sabes que solo hay una vida, y, como bien dice DYER: “No te mueras con tu música en tu interior”.

Si realmente quieres CAMBIAR, verdaderamente te vamos a AYUDAR, y, con toda certeza, lo vas a CONSEGUIR.

¿Y si comenzamos por el principio?

¡¡Bienvenidos a BOREALE COACHING!!

¿De dónde sale BOREALE?

Nace de la inquietud por mejorar el mundo y por aportar valores…

¿Con qué herramientas?

La más importante de todas: “la buena voluntad” y el poder de la intención que está más allá de nosotros…

¿Para qué?

Para aprender y ayudar a aprender, para crecer y ayudar a crecer, para disfrutar y ayudar a disfrutar…

¿Sobre qué valores descansa?

Sobre el “Ser útil”, sobre la “Alegría”, sobre la “Pasión”, sobre la “Lealtad” y sobre el “Entusiasmo”…

¿Qué mundo podemor vislumbrar desde esta atalaya?

Un mundo válido y valioso, con personas que miran hacia dentro para aportar hacia afuera, con sentido del ser para enfocarlo al hacer, un mundo en búsqueda, donde el camino es mucho más importante que el destino…

¿Quieres compartir lo que nos une, lo que nos hace únicos, lo que nos hace grandes…?