¿Y dónde ha quedado tu sentido del humor?

Nunca he tenido dudas de que todos tenemos sentido del humor.

Más o menos desarrollado, más o menos escondido tras capas de óxido, de saber estar o incluso capas de vergüenza…pero está ahí oculto, latente, expectante…

A veces evidente y fácil, a veces grosero, a veces cínico, a veces hiriente pero siempre nos ha ayudado a ver las cosas de otra manera, con otro cariz.

Esa es la parte del humor que me gustaría rescatar en estas líneas. El que nos ayuda a dar la importancia justa a las cosas y nos permite ver en perspectiva, relativizar y relajar…

Seamos capaces de saltar por encima el “¡No está el horno para bollos!” ¿de qué forma? Quizá pensando… “¡Pues mete una pizza!”.

No voy a entrar en las bondades terapeúticas de la risa, o de la infinidad de músculos que intervienen cuando alguien ríe, o incluso cuando alguien sonríe.

Tampoco en los elementos químicos que cuentan los expertos que se liberan en nuestro organismo y que, por arte de birlibirloque hace que nos sintamos mejor, más relajados y más felices.

Para ello hay personas mucho más documentadas… (¡a Dios gracias!)

Yo quiero preguntarte:

¿Cuándo ha sido la última vez que has reído a carcajadas?

¿Cuando es la última vez que no has podido evitar reirte por lo bajo porque las circunstancias no permitían mayores alharacas?

Incluso sirve la sonrisa cómplice que intercambias con un amigo o un compañero en clase o en una reunión mientras piensas “Si lo suelto aquí y ahora, se armaría una buena, pero tú y yo sabemos lo que estamos pensando”.

Sirvan estas líneas para hacer un llamamiento urgente a ese “payaso” que todos tenemos dentro, que genera risa y alegría o, al menos, sorpresa y emoción.

No es imprescindible que comparezca justo en el momento, también ayuda que pase un tiempo y seamos capaces de sonreir ante lo que nos ha ocurrido y nos ha dejado en ridículo antes los demás, o eso creemos…

Siempre he pensado que una de las mejores medicinas de nuestro tiempo, mucho mejor que el Ibuprofeno, sí, es la capacidad de reirnos de nosotros mismos.

Elimina barreras en nosotros y en los demás, prejuicios que continuamente impiden que las conversaciones, o los aprendizajes desarrollen todo su potencial y crea lazos entre las personas, porque…

¿A quién no le gusta reir? No conozco a nadie!!!

Y si vas a hacer algo con alguien, ¿cómo prefieres hacerlo? Yoooo, si tengo que elegir, elijo…..CONTENTO!! Y si ya me río, es la pera!

Aprovechemos las oportunidades de reir, de sonreir, de generar una sonrisa, de reirnos de lo que nos pasa (aunque haya pasado un tiempo).

Te propongo un reto: recuerda algo vergonzante y gracioso que te haya pasado, que quizá lo tengas oculto incluso a tu pareja o tus amigos, y sácalo en la siguiente oportunidad que veas… y chequea a ver lo que pasa.

Nadie se puede reir de alguien que se ríe de sí mismo, si acaso, ¡¡¡lo hará con él!!!

 

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