¿Y si me hago cargo de mí mismo?

¿Cuantas veces nos hemos sentido impotentes ante el devenir de los acontecimientos?

¿Cuantas veces hemos tomado una actitud pasiva ante lo que nos ocurría?

¿Cuantas veces hemos dejado que las cosas nos sobrepasaran?

Pero, sobre todo, ¿cuantas veces hemos echado “la culpa” de lo que nos ocurre a las circunstancias, al destino, a los demás, a la suerte (o a la mala suerte), y hemos tomado el rol de víctimas, de sufridores, de receptores sin voz ni voto?

No nos hacemos cargo de nosotros mismos, y lo elegimos muchas más veces de las que somos conscientes.

Lo damos por hecho con nuestra forma de expresarnos: cuando estudiamos (“he aprobado” vs “me han suspendido”), cuando amamos (“me hiere que mires a otr@s chic@s), cuando trabajamos (“no me pagan lo que merezco”), incluso cuando compartimos la vida diaria (“me saca de quicio que deje la pasta de dientes abierta”).

Nos es más fácil echar la culpa al empedrado (cuando tropiezo), a la lluvia (cuando me mojo), a mi compañer@ (cuando no hace lo que esperamos), a cualquiera menos a nosotros mismos…

Y efectivamente no siempre somos responsables de lo que nos ocurre, pero sí somos responsables de lo que hagamos con ello.

No podemos evitar que llueva, pero sí podemos comprar un paraguas…

No podemos evitar tropezar, pero sí podemos sonreir ante nuestra torpeza (y escribir al ayuntamiento para que reparen esa baldosa y no se caiga más gente! ;))…

No podemos evitar que alguien no cumpla nuestras expectativas, pero sí podemos completar a esa persona con nuestras habilidades…

Y elegir de forma consciente.

Siendo conscientes que elegimos el rol que adoptamos en cada situación, aunque a veces sólo veamos una opción (que no es que no haya más, es que en ese momento dentro de nosotros, no permitimos que haya ninguna más).

Porque “lo he heredado de mis padres”, o porque “así me han educado”, o porque “qué sería de este mundo si no reaccionamos de esta forma ante esta injusticia”, o porque “no puedo permitir que me pisen”, o porque “los políticos son responsables de este desaguisado”, o porque simplemente “yo soy así”…

…por todos esos “porques”, elegimos reaccionar de la manera que siempre hemos reaccionado.

Y si eres consciente de que así lo haces y de que así lo quieres… ¡¡Es genial!!

Pero si lo haces sin pensar y luego te duele, o los resultados no son los que esperas, o no te compensa poniendo en la balanza únicamente tus emociones y tus reflexiones…es que algo puedes cambiar, y nunca es tarde para ello.

Toma las riendas de tu vida, hazte protagonista, simplemente atrévete a probarlo… a pasar por otro tamiz los estímulos que recibes y escogiendo en cada momento.

Si no te compensa, déjalo. Pero,  ¡haz la prueba!

Atrévete a probar un camino diferente en tus trayectos diarios, a comprar esa fruta exótica en el supermercado (quizá sea un bodrio, como ya has juzgado en tu mente, que yo soy de manzanas de toda la vida, pero… quizá no!!), incluso a sonreir, aún sin razón aparente para ello y chequea cual es la reacción de la gente con la que tratas…

Y, si no te compensa, déjalo. Pero, ¡haz la prueba!

Prueba a celebrar las cosas buenas que te ocurren, prueba a decir la palabra “Genial”, prueba algo distinto…y Si no te compensa, déjalo. Pero,  ¡haz la prueba!

Y como reto, ¿qué tal si pruebas a pensar (gracias Angel Luis Sanchez por la frase) que todo lo que ocurre en tu vida es porque lo creas tú, o porque lo permites o porque lo provocas en los demás?

2 opiniones en “¿Y si me hago cargo de mí mismo?”

  1. ¡Felicidades por tu proyecto!
    Hacen falta muchas ganas, sonrisas y palabras sabias como ésas para que este mundo empiece a girar sin la toxicidad de nuestros días. Para sorber la vida poco a poco, disfrutando cada momento como si fuera el primero.
    ¡Enhorabuena! A seguir creciendo.

    Un besazo para los cuatro!

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